La búsqueda de la perfección en un mundo imperfecto

Joseph Estavillo Ansiedad, Gestalt, perfeccionismo

Seamos realistas, vivimos en un mundo imperfecto donde ser “perfecto” es inalcanzable y genera una serie de conflictos emocionales y relacionales.

Empieza el día, no encuentras lo que quieres para desayunar. Te diriges al trabajo y encuentras un tráfico irreal, resultado de un deficiente sistema de tránsito, calles con baches y señalamientos poco funcionales. Llegas al trabajo y se genera una serie de problemas a causa de servicios o productos imperfectos. Después de un largo día, estás en casa y ayudas a tus hijos con sus tareas, piensas que no son perfectas. Al final del día tratas de conciliar el sueño, que tampoco va a ser perfecto. 

Pareciera que nos rodea una ilusión falsa: la perfección es real y alcanzable. Los medios de comunicación bombardean constantemente con mensajes acerca del cutis, el look, las vacaciones e incluso la pareja perfecta. El resultado es buscar esa supuesta perfección y tener el orgullo de portar el título de “perfeccionista”. Las supuestas recompensas pueden ser seguridad económica, éxito y respeto de los demás. Sin embargo la perfección es una completa ficción generada por la cultura occidental y una total negación de nuestros límites como seres humanos, que finalmente se puede llegar a convertir en un tema neurótico. 

¿Qué es el ideal de perfección? Para muchos es buscar desesperadamente el control en uno mismo y el entorno; desear el dominio sobre todas las actividades y tiempo con la finalidad de un resultado esperado e insuperable. La realidad es que es imposible llegar a alcanzar dicha expectativa, la principal razón se resume en una palabra: límites.

Las personas somos seres limitados impuestos por la biología, naturaleza, cultura, fisiología y entorno. El ser humano tiene prescrito límites por dentro y por fuera. Por otro lado, es innegable que las personas necesitamos la posibilidad real de mejorar y generar un desarrollo personal constante, pero incluso atletas profesionales o intelectuales reconocidos llegan a ciertas limitantes por múltiples factores. En realidad, no se superan, más bien se van modificando con el tiempo y el aprendizaje. Hay que considerar que es imposible que nuestras acciones no afecten o influyan en el entorno, donde lo ideal sería respetar los límites de otros de una manera comprensiva y amorosa; después de todo, nuestras acciones y decisiones impactan en los demás.

Es importante reconocer que somos seres limitados desde muchos lugares; por ejemplo, no podemos respirar bajo el agua, asistir a dos eventos al mismo tiempo. Lamentablemente el término límite ha sido entendido como sinónimo de negación o privación, cuando en realidad es un reflejo de lo que es posible bajo las circunstancias reales y presentes, con posibilidad en algunos casos a modificarse. Sin embargo, para ser felices y vivir en paz, es imprescindible que nos aceptemos como seres limitados. 

La persona perfeccionista niega, evade o rechaza cualquier tipo de límite, su comportamiento es siempre en función de su persona y  alrededor; la tendencia de ignorar todos estos límites genera un efecto negativo: se vive una situación permanente de neurosis y desorientación, ya que rechazan la realidad limitada del ser humano. Viven con ansiedad, preocupación excesiva por el orden y necesidad de control tanto propio cómo en los demás. Para evitar resultados fuera de las expectativas caen en conductas y acciones repetitivas, no consideran la posibilidad del error, la falla o el fracaso y pueden tener un nivel bajo de autoestima con temor a cometer errores o no ser aprobados por los demás. 

Identifica los propios límites, tanto personales como del entorno, con esto me refiero a las personas y situaciones con las cuales convivimos diariamente. Una persona funcional reconoce sus limitaciones y crece cuando se mueve del área de confort. Es importante observar las metas que se desean superar para entonces definir y reconocer nuevos límites. 

La otra cara de la moneda de la perfección es la mediocridad, situación que se entiende como auto justificarse el no hacer nada, no moverse ante la vida. Las personas mediocres tienen plenamente identificados sus propios límites, sus acciones siempre se desarrollan lejos del posible potencial con el más mínimo esfuerzo ya sea por factores externos o por definición propia, evitan hacer algo diferente o novedoso en sus vida, bajo la excusa de que es hasta donde pueden llegar. Viven una vida con un potencial desaprovechado y poco explorado, llenos de “hubiera” y “quisiera” ya sea por pereza, miedo o inseguridad. Es importante identificar los límites no como un obstáculo, sino como un mapa para indicar un camino a seguir. 

Los seres humanos debemos desarrollarnos y crecer, aceptando que cometemos errores, donde tomar una decisión errónea no implica que somos imperfectos. Las personas estamos definidas por muchos roles, no siempre se puede ser el empleado o jefe ejemplar, el amigo infalible y la pareja o padre/madre ideal. El enfoque en una sola de estas facetas resta la posibilidad de destacar en las otras. Es mejor ser bueno en todas que excelente en una y mediocre en las otras facetas de nuestra vida. 

La perfección es un estado irreal y definitivamente inalcanzable. En cada etapa de la vida ayuda revisarse uno mismo, ajustar metas y evaluar los siguientes pasos. Tenemos un tiempo limitado en este mundo, es importante generarnos felicidad y armonía, evitando  alcanzar una imposible perfección.